Lo recuerdo como si lo estuviera viviendo ahora mismo.
Estaba acurrucada en un extremo de la cama, cubierta a medias por la sobrecama de ese hotel de paso cercano a su trabajo que dejaba parte de su espalda y un hombro a mi alcance visual y táctil, si bien no me dejó llevarla de nuevo, para ese primer encuentro resulto un escenario idóneo en la faena de ponerle los cuernos a su novio.
Su piel estaba fría, mientras la abrazaba como una costumbre aprendida a partir de las otras mujeres que nunca le mencionaría mientras no fuéramos amigos en verdad. Yacíamos uno a cada lado, intentaba recapitular este reciente encuentro: se escabulló del trabajo y la recogí clandestinamente a una cuadra del mismo, estacione el auto a unos minutos del sitio de encuentro para acordar un sitio a cual ir, aún cuando ya lo teníamos predispuesto cada uno por su cuenta. La llevé a ese motel, que fue el primero que se me cruzó, Hicimos todo el trámite de los infieles para quedarnos solos, y ya cuando estábamos dentro de ese cuarto comenzaron sus quejas acerca de los hoteles de paso, decía no querer aparecer en los vídeos que venden afuera del metro. Tuvimos un encuentro medianamente bestial, cuidando que la princesa no sudara copiosamente y disfrutando ese enorme par de ojos color almendra. Terminamos después de varios estertores de placer y tus dos tímidas declaraciones acerca de tu enorme e inusual gozo apoteósico, y la otra que de momento me aterro que fue la velada declaración de amor e intención de romper con tu novio para empezar a salir conmigo.
Mis pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de su teléfono celular, en la penumbra del hotel busco en el bolso de mano para responder al novio en turno. Mientras yo buscaba un canal de música entre la programación pornos del motel ella con la frialdad de un político le contaba al ingenuo que se encontraba en una fiesta (ingenuo si, pues después de asistir a un par de sus ruidosas fiestas de música electrónica, jamas podría creerle estar en una fiesta en ausencia del estruendo del DJ) no me asombró en absoluto que le mintiera, era lo más lógico ante la situación, lo que realmente me sorprendió fue la facilidad, el temple, los argumentos que utilizó para engañar al cornudo en cuestión, con la misma "sinceridad" que con la que me halago momentos antes sobre sus orgasmos, y sobre el enamoramiento declarado posteriormente
Dejé de lado la primera parte de sus palabras, y me alivié de saber que me estaba mintiendo, que no me amaría nunca, que sólo eramos amantes temporales -en sus palabras, las que de inicio me sonaron como sacados de una película de los 70´s- Hoy podría cuestionar mi conocimientos amatorios al recapitular sobre este breve lapso de tiempo que compartimos frente a los espejos del motel, y los subsecuentes es su lecho, mas sin embargo no me interesa, hoy somos amigos, a distancia física pero cercanos emocionalmente. Creo que aún tomo con la prudencia que me queda de esta memoria, todas y cada una de sus palabras, creyendo mas en sus acciones, en sus brazos tibios y la maravilla de sus enormes y expresivos ojos color almendra
martes, 4 de noviembre de 2008
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